Actitudes 2.0 en Medellín. Sobre las redes y las cosas

Los días 17 y 18 de noviembre se llevó a cabo en Medellín (Colombia) el Seminario Iberoamericano Actitudes 2.0, “hablamos de redes y las tejemos”. Luis David Tobón, con quien iniciamos comunicación hace ya un año, me invitó a participar interesado en que pudiera compartir algunos de mis proyectos, sobre todo el taller de celumetrajes.

Finalmente no pude viajar a Colombia porque sobre la hora fue imposible conseguir un vuelo que me permitiera regresar a Barcelona el domingo y así enfrentar las múltiples obligaciones que me esperan este lunes, entre ellas “Vida de barri”, un proyecto mobile + realidad aumentada que hemos comenzado con alumnos del IED.

Me dio mucha pena no poder viajar a Medellín porque es una ciudad que amo desde que la descubrí allá por 2008 cuando el Taller de Celumetrajes hizo pié en el Museo de Antioquia y un grupo de paisas divertidísimos vinieron a contar sus historias a través de los móviles.

Así las cosas, mi conferencia se vio reducida a una aparición de media hora vía Skype (en la que debo admitir, se me complicó mantener el ritmo sobre todo porque no tenía buen retorno de audio) y decenas de tweets llenos de feedback bajo el hashtag #actitudes20. ¡Vamos! una experiencia muy dospuntocero ;)

Prometí a los allí presentes que haría un post para volver a hilar los temas que mencioné en la charla y cerrar con aquellos que no pude explicar por falta de tiempo. Aquí vamos…

La pregunta a la que nos enfrentábamos los ponentes del seminario era: “¿En qué momento tuviste una actitud 2.0?”, un poco buscando posibles definiciones de lo que es la actitud dospuntocero pero desde la acción. Para mi, la actitud 2.0 no tiene que ver directamente con aquellos que denominamos “la Web 2.0” aunque sí se inspira en ciertos atributos que definen a esta. Para mi se trata de una forma de obrar que encuentra su potencial en lo distribuído, no jerárquico, dinámico, horizontal, colaborativo, construccionista, de libre acceso, muchas veces orientado a la aplicación de la creatividad en pos del desarrollo de espacios innovadores.

Yo me declaro amante de este tipo de sinergias distribuidas, de la colaboración y la creación colectiva. Por esta razón, casi todo lo que hago comparte dicha tónica y, desde mi punto de vista, una actitud dospuntocero.

El Taller de celumetrajes que itinera por Iberoamérica desde 2008, mobilePOEMES3gp que realizamos junto al Colectivo Piloto, el taller y la mobileapp en la que colaboré con MobileCells para plantear un recorrido musical/emocional del Raval y el actual Vida de Barri, que presentará un nuevo modelo de storytelling donde el audiovisual puede ser “recorrido” a través de una app de realidad aumentada mientras caminas por el barrio de Gracia… todos proyectos que tienen que ver con acercar al ciudadano común a la producción audiovisual con dispositivos accesibles, con plantear nuevas formas de creación, distribución del discurso audiovisual acaso más distribuidas, frescas y “democratizadoras”.

Como he explicado en varias ocasiones, el audiovisual ha sido históricamente un espacio de creación muy difícil de acceder. Dos grandes trabas mantuvieron al audiovisual en una esfera de exclusividad para élites capaces de acceder a las tecnologías de registro y producción (cámaras, micrófonos, luces, etc) y a la plataformas de distribución (cines, festivales, canales de TV, etc). Sin siquiera mencionar el costo desorbitado de las producciones que cuentan con actores, locaciones, posproducción de la hostia y toda la parafernalia de marketing, branding, distribución….

Las cámaras de bolsillo, por un lado, y las plataformas de vídeo streaming como Vimeo, Youtube, DailyMotion por el otro, emergieron como dos grandes alternativas a la trabas que caracterizaban al audiovisual. De repente, cada vez más personas teníamos la posibilidad de acceder al universo de la producción audiovisual de bajo costo y ser autores de nuestras propias representaciones del mundo, la vida cotidiana o extraordinaria, las problemáticas que aquejan al mundo o las miserias y gracias nuestras de cada día. Youtube y el resto de las plataformas de streaming se convirtieron en repositorios de este tipo de discursos, a veces residuales y otras veces alcanzando picos de “likes” y “views” en una programación auto-regulada por las dinámicas de la Red.

Sin embargo, y más allá de los avances tecnológicos,  la realización audiovisual con móviles y para la web se mantuvo confinada a producciones bastante low-fi (lo cual puede ser una opción político-creativa y no una restricción) a causa de las limitaciones propias de unas tecnología cuyo output tiene que viajar a través de las redes tambaleando sobre la ecuación bps/size/fps.

El Open Media Manifiesto, del cual soy una orgullosa supporter, enumera las razones por las cuales la práctica del audiovisual móvil es una actitud 2.0 que se define por la creatividad y no por la pirotecnia tecnológica.

Las dinámicas de la red y el cambio de paradigma cultural al que asistimos ponen en jaque a las grandes industrias intermediarias que durante un siglo se nutrieron de la creación audiovisual. Tenemos la enorme ventaja de ser testigos de un cambio que, desde mi punto de vista, terminará de formular nuevos procesos y métodos de creación: me refiero al crowdfunding y las nuevas licencias alternativas al copyright.

El audiovisual distribuido y colaborativo ya no solo tiene que ver con la producción low-fi ni está confinado al circuito “no-legitimado” de Youtube y las redes sociales. Nuevas prácticas como el crowdfunding hacen posible proyectos como El cosmonauta o de transmedia storytelling como Panzer chocolate (foto) donde los usuarios pueden participar como colaboradores y productores, contribuyendo con la realización de productos culturales de licencias abiertas (CopyLeft o Creative Commons), es decir que son devueltos al procomún (ver este post de Scolari).

El audiovisual ha iniciado un camino de apertura ya en los años setenta con la llegada de las cámaras caseras, los festivales de garage, la producción con móviles, la distribución online, etc…Ha llegado la hora de las narrativas transmediáticas y el crowdfunding: innovación en la forma de contar y producir. Y así seguirá sucediendo porque no hay otro camino para la creatividad que la libertad.

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