La fotografía remota. Sobre S/T, una obra de Gerardo Repetto

La puesta es muy sencilla. El artista apoya el teléfono móvil sobre un papel fotográfico en blanco -claro-, dentro de una habitación oscura -claro-. En ese momento, alguien llama o envía un sms al número que corresponde a ese dispositivo. Alguien, cualquiera: vos, yo, la madre del artista; alguien que conozca el número -claro-. El móvil se enciende: la luz aparece en la pantalla, los números y comandos del teclado se iluminan. El papel fotográfico, que contiene la emulsión fotosensible, reacciona a la luz y, e imprime la silueta del teléfono.

Una foto automática, una peformance tan sencilla como potente para cuestionar algunos paradigmas: ¿quién es el autor de la foto? ¿el que llama, el dispositivo o el artista que habilita la plataforma de creación?

Una foto casual, generada acaso por fuera de la decisión de crear registro alguno, disparada involuntariamente sin ver a través de la lente. No hay lente ni cámara ni CCD ni película ni fotógrafo en el sentido estricto de la palabra…hay foto?

La obra de Gerardo Repetto (fotografía/instalación 2007-2008) “se basa en la técnica fotográfica denominada fotograma, que consiste en colocar un objeto sobre el papel fotográfico virgen y exponerlo a la luz para que quede registro de dicho objeto”, según lo explica el mismo autor en Flash BackUp. Estados transitorios del arte y la tecnología en Córdoba. “En este proyecto, la luz que posibilita la imagen proviene del propio objeto, dado que se trata de un teléfono celular, cuyos teclado y pantalla se encienden con una llamada o mensaje entrante. Así, el elemento a fotografiar se constituye, al mismo tiempo, en motivo y productor de su propia imagen. Se prescinde de la cámara fotográfica y también de una fuente luminosa externa“.

Como cuenta Repetto en el libro, la primera edición del proyecto se llevó a cabo en la galería 713 de Buenos Aires. En esa ocasión, se convocó a cuatro personas que estaban en distintos lugares para que llamaran por teléfono o enviaran sms y generaran sus propios registros. Además, el público asistente podía participar llamando a un dispositivo que se encontraba en un cuarto oscuro de la galería. Ese fotograma se reveló después de la participación y fue expuesto en la sala.

Entre muchas otras cosas, el artista busca poner en diálogo las técnicas fotográficas ancestrales con los artefactos tecnológicos contemporáneos. Y es allí donde reside mi interés por esta obra: una plataforma participativa donde el teléfono móvil cobra absoluto protagonismo como productor de imágenes ya incluso por fuera de la utilización de su propia cámara. La iluminación del móvil como disparador de una imagen; una, no cualquiera: la de sí mismo.

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