“Sobando el píxel”I. Sobre el brainstorm que antecede un debate

Ya conté en el post anterior cómo surgió esto de “Sobando el píxel” y hoy me encuentro con que mucha gente ha llegado al blog porque Emanuel Rodríguez dijo en Aeropuerto “Creo que es el primer debate posta que comienza en este sitio. Igual sigo pensando que hace falta un suplemento cultural.”

Me fascina esta intertextualidad/hipertextualidad. Me lleva a pensar que todos los que publicamos en blogs tenemos una enorme responsabilidad a la hora de enunciar, acaso la misma que tienen los periodistas que publican en un medio. Los memes saltan de acá para allá y despiertan ideas, abren juego a debates, rupturas y novedades que se desplazan por redes sociales y demás plataformas de circulación de la información dejando huellas.

En el pequeño texto que escribí como apoyo de la nota de Emanuel afirmé que el videoarte no pierde vigencia porque “explora la estética del píxel, la unidad de sentido del siglo 21″. Creo que es contundente afirmar que el píxel es la unidad de sentido del siglo 21. Está claro que no se trata de una afirmación inocente. La pensé y quise condensar en ella todo una propuesta estético-ideológica.

Podría escribir un ensayo sobre las razones por las cuales considero que la frase es acertada. Aunque no se trate de una verdad absoluta, por su puesto. Esa frase es apenas un punto de partida desde el cual me interesa metaforizar las partículas que componen lo que Regís Debray denominará la “Videosfera“, la mediasfera que habitamos actualmente.

Voy a lanzar la primera piedra del debate instalando la base teórica a partir de la cual pensé la polémica frase. En este post haré una breve introducción a las ideas que Debray plasma en su gran obra Vida y muerte de la imagen. Según Debray: “La evolución conjunta de las técnicas y de las creencias nos va a conducir a señalar tres momentos de la historia de lo visible: la mirada mágica, la mirada estética y, por último, la mirada económica. La primera suscitó el ídolo; la segunda el arte; la tercera lo visual” (Debray, 1994: 39).

Cada una de estas eras o etapas tiene su propia temporalidad, sin por ello tener que ceñirse a una historia de instituciones, economía o guerras, nisiquiera a una historia del arte. Las mediasferas no emergen atadas a un orden cronológico.

Para empezar, Debray no entiende las imágenes como objetos sino como apropiaciones de la mirada, es decir, formas de mirar. Así, estas pueden convivir en una misma persona, sociedad o cultura, y en la actualidad somos contemporáneos de las tres a pesar de que tiene mayor relevancia la videosfera.

Las tres mediasferas que componen la historia de la mirada en occidente están claramenta vinculadas a cambios tecnológicos que propiciaron alteraciones en los usos culturales.

1. La logosfera corresponde a la era de los ídolos, no como representación mimética de lo original sino como imagen de lo divino: su valor no reside en la forma, sino en que representa. Esta era se extiende desde la aparición de la escritura hasta la invención de la imprenta.

Las imágen de la logosfera son creadas por un “artesano” y su factura es anónima, a pesar de coincidir con la mirada particular del sujeto creador hacia la naturaleza que lo rodea. La aceptación de esa mirada en el seno de la comunidad tiene que ver con las creencias colectivas y no con una cuestión estética.

2. La grafosfera remite a la era del arte, se extiende desde la imprenta hasta la televisión a color. El arte es producto de la libertad: se hace sin temores, es la obra de la criatura frente a su creador. Lo artístico se da cuando la obra tiene su sentido en sí misma: está en ella su razón de ser. El artista ya no es anónimo, (con la obra El matrimonio Arnolfini , del Pre-Renacimiento flamenco, aparece la firma de van Eyck que no sólo denota autoría sino que convierte al cuadro en el documento pictórico de un contrato público, el matrimonio) con lo cual él mismo se reafirma y la comunidad lo reconoce.

Así, nace un campo estético que se separa de la tutela eclesiástica y las creencias religiosas. “La imagen humanista se emancipa del culto y produce su propia cultura”, dirá Debray.

En la época renacentista se desarrolla la imprenta y este logro va en detrimento del libro ilustrado medieval. Durante la Edad Media se habían creado enormes imágenes en los vitrales góticos, en los manuscritos, tapices y dinteles precursores de nuestra era donde lo visual tiene otra vez un rol protagónico.

A partir de la imprenta las hojas de los libros se colman de grises y negros, las páginas carecen de imágenes hasta el siglo XIX, cuando aparece la litografía.

Al aparecer la perspectiva y el gusto por las artes, se da una reducción del simbolismo proyectado a la realidad percibida. Nace el frenesí por la mímesis,  la imagen se vuelve cada vez más realista e intenta confundirse con lo real. Debray lo explica con excelencia: “Al final de la logosfera hay un artista que es Dios. Al final de la grafosfera sólo hay un dios: el Artista”.

3. La videosfera corresponde a la era de lo visual, se inicia con la televisión color y continúa hasta la actualidad, incluyendo la imagen digital y el mundo virtual. En la era visual, la imagen es sólo imagen, incluso sin un soporte tangible en la realidad física, se vuelve digital (información binaria, numérica). Provoca competencia económica, la obsesión es la reproducción y la batalla por la comercialización. Para Debray la imagen se aleja de lo sublime (coincide con el concepto de “pérdida del aura”, de Benjamin) para convertirse en un bien transable de la economía global, de reproducción seriada, masiva y globalizada.

Así como sucede con los medios de comunicación, las mediasferas no se sustituyen sino que se acoplan y pueden convivir en espacios y tiempos semejantes, se encadenan y cada una está en germen de su sucesora. Cada una es parte de una cosmovisión, una ideología y un nuevo “horizonte de la mirada”.

Con el nacimiento del video, materialmente ya no hay imagen sino señal eléctrica: para ser vista, la señal – codificada en unidades mínimas, píxeles- primero debe ser leída por un lector o un cabezal. Si antes la imagen copiaba la realidad, con las nuevas tecnologías la imagen va por delante de la realidad, el hombre puede recrear numéricamente un mundo que no tiene un referente físico-real.

La imagen digital, pensada para una audiencia global, multicultural, ubicua, no actúa en tanto representación de nada. Es significante y significado a la vez, medio y mensaje. Cada picture element define de manera relacional la unicidad de las imágenes, ahora independientes de las habilidades motrices de un ser humano, de las características del soporte, de la materialidad.

El píxel como unidad de sentido del siglo 21 remite a la era de la información y la existencia binaria. Al infinitum de combinaciones de un mismo elemento que se repite en sus millones de variaciones numéricas: el píxel.

En la era de la imagen global la unidad de sentido está dada por los algoritmos que se reproducen y recombinan en las operaciones del copy paste, el remix y el rip, mix and burn. El sentido finalmente se configura en la experiencia cognitiva del usuario y en los procesos de inteligencia colectiva, se genera por recombinaciones. La unidad finalmente se ha liberado de “tener que significar”.

No estoy hablando desde la vereda de Virilio de ausencia de sentido, fragmentación y velocidad, aunque esas palabras sean características de la videosfera. Hablo, en todo caso, de que el sentido siempre es una experiencia cognitiva. No difiere en el caso del texto.

De hecho, Daniel ya dijo algo al respecto “Es cierto, como señaló Lacán, que el lenguaje falla, que uno dice lo que dice, pero no existe ninguna certeza de que el otro entienda exactamente de qué habla, sobre todo cuando a este intento de inteligibilización se le priva del contexto.”

No tengo dudas de que Seurat sería un gran videoartista ;)

6 comentarios en ““Sobando el píxel”I. Sobre el brainstorm que antecede un debate

  1. fuf, excelente, tengo la cabeza bastante cargada luego de leer el artículo, genial. No sé aún si escribo esto con claridad, pero no importa, se vale. De alguna manera el pixel es la extensión del trazo, pensemos en los puntos de la impresión y luego en el carbón sobre el papel y en el palito sobre la tierra, siempre hay un grano de por medio en el trazo, tenemos ya granito para el siglo xxi. Super interesante pensar también en la relación de la imagen-pixel y su naturaleza electrónica es una extraña forma de abstracción, el pixel también termina siendo cero o cinco voltios… bueno no sé, espero apuntarme a la discusión luego de ordenar un poco la cabeza, por ahora me encanta tu idea del pixel como unidad de sentido, jel.yea… saludos desde Guatemala

  2. Hola Julio! qué fantástico que te hayas sumado al debate. Claro que “se vale” tu comentario, es una síntesis muy acertada de alguna de las ideas que intenté expresar. Espero leerte pronto por aquí de nuevo, estás siempre invitado. saludos, Mara-.

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