“Esto es dadaísmo electrónico”. Sobre la obra “Divergencia diferente de cero” de Mariano Sardón

Fuente foto: La Voz del Interior
Fuente foto: La Voz del Interior

Me gusta el trabajo de Mariano Sardón. En 2007 vino al Centro Cultural de España en Córdoba a presentar Divergencia diferente de cero y tuve la oportunidad de entrevistarlo. Charlamos de arte tecnológico durante largo rato. Creo que fue una de las entrevistas más largas que hice hasta el momento.

Después escribí esta nota que aunque ya tiene un par de años no perdió toda la vigencia.

Mara Balestrini
De nuestra Redacción
mbalestrini@lavozdelinterior.com.ar

La habitación está a oscuras. Dos libros reposan abiertos, enfrentados, y unas palabras, como hologramas coloridos, emergen de sus hendijas, transitan la blancura de las páginas y caen hacia el piso. Los espectadores caminan, se detienen, buscan descifrar ese cadáver exquisito que se ha formado en la alfombra y que muta, se desarma y recompone cada vez que alguien aplaude o emite un sonido intenso.

Divergencia diferente de cero, la obra del artista Mariano Sardón (38) que por estos días habita una sala del Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40), propone reconciliar dos discursos antagónicos acerca de la relación entre arte y tecnología. Y en ese gesto, indaga en las posibilidades del juego a la hora de ofrecer diferentes versiones sobre la realidad.

“La mayoría de mis trabajos tiene que ver con la cuestión textual. Sobre todo con el texto vinculado a un modo de constituir o estructurar una visión del mundo”, explica Sardón. Y profundiza: “Esta obra surgió en 2002 cuando participé en debates en torno a la relación de arte y tecnología. Allí, había posturas que veían a esta última como una salvación, y otras que la entendían como a algo terrible a lo cual no había que acercarse”. Según el artista, esas discusiones siempre terminaban polarizadas, imposibilitadas de generar una idea diferente. “Ante esto –agrega– yo pienso que si uno relativiza los conceptos y empieza a deconstruirlos para hilvanar otro tipo de juegos, se puede obtener una percepción diferente de las cosas”.

–¿La obra propone una reconciliación entre esos discursos enfrentados?

–Claro. Yo grabé las conferencias en las que participaba y guardé esos discursos, en contra y a favor, en dos archivos de texto en la computadora. Luego, pensé que en realidad nada está escrito y una acción tan simple como aplaudir la propia idea puede revelarle al otro una posición nueva. Se trata de dos libros con argumentos encontrados, acérrimamente peleados, y la manera de reconciliarlos es jugando: diseminando un discurso en el otro, buscándoles sentido a partir de una contingencia.

–¿Entonces lo lúdico tiene que ver con una manera de replantear significados?

–Lo lúdico tiene la capacidad de hacer percibir distinto. Propone una instancia en la que uno constantemente tiene que reformular reglas de juego. Aparece lo impredecible, por lo tanto esa construcción es momentánea. Y eso posibilita distintas percepciones y maneras de abordar y de relacionarse con el mundo.

–¿Juego y azar relacionan tu obra con el dadaísmo?

–De cierta forma esto es un dadaísmo electrónico donde las frases se arman de manera aleatoria. Sin embargo, en el caso de Dadá había gente, subjetividades que construían el mensaje. Mi obra se trata de un sistema basado en una máquina, en una rutina que no cansa de ejecutarse. Los espectadores dialogan con eso, necesitan jugar, caminar, leer, ver, hacer sonidos de todo tipo.

–Sin embargo, la obra es sumamente interactiva…

–Si la gente no participa la obra no funciona. Eso tiene que ver con una decisión conceptual, el artista decide reflexionar más sobre la relación entre el espectador y la obra más que sobre la obra en si misma; reflexionar sobre las relaciones, lo que media entre los objetos y las personas, lo que tenemos que ver con el otro. Se trata de una visión radicalmente distinta a la tradición más general en el arte, muy centrado en el modelado de un objeto en donde la persona tiene una participación muy pasiva.

–¿Podría decirse que la obra refleja la instancia social de construcción del sentido?

–En este punto la construcción de las cosas es una instancia social, no pertenece ni a quien contempla de manera solitaria ni a quien crea individualmente. Cuando el espectador vive la obra en soledad, se vincula con una serie de sentidos y acciones que tiene que desarrollar. Y, cuando hay muchas personas alrededor de los libros, éstas leen lo que se forma cuando las otras también aplauden y en ese sentido lo que uno construye también depende del otro.

En Divergencia distinta de cero, el piso de una sala hace de tablero para las unidades de sentido que en algún momento, ordenadas, lineales, construyeron un argumento, una posición frente a la problemática del arte. La obra de Sardón propone el armado de discursos, azarosos, parciales, capaces de esbozar nuevas reflexiones sobre el mundo de lo artístico, de los objetos, de los sentidos. “Me interesa descategorizar cosas –explica el artista–, jugar, ver desde lugares diferentes, transitar por distintas estructuras, vincularme al mundo desde un lugar múltiple. En mis trabajos intento poner esto en evidencia”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s