El renacimiento de la risa. Sobre las referencias transmediáticas en el nuevo humor cordobés

HUMORIXINA 500 MG

“El hombre sufre tan profundamente que ha tenido que inventar la risa”, expresaba el filósofo Friedrich Nietzsche, en sintonía con el pensamiento que establece que el humor es un tipo de catarsis o antídoto espiritual, una condición natural de los hombres que les permite sobrellevar la adversidad. También para Freud, tal y como explica en El Chiste y su relación con lo inconsciente, el humor constituye una fuerza liberadora, noble y creadora; un modo funcionalmente acomodadizo de escape de la realidad, hacia un mundo creado por la persona.

Más allá de que la comicidad sea una forma de entretenimiento y de comunicación humana, que conlleva la intención de hacer que la gente ría, una de las cuestiones más importantes acerca del humor es que éste se enmarca en una cultura, en un contexto determinado.

Como afirma Francisco Checa Olmos, en el ensayo “El humor andaluz ¿identidad de un pueblo?”, el humor es un proceso social y cultural, que contiene una enorme fuerza para provocar un cambio de actitudes en el individuo y en su comunidad. A través de la reducción al humor de los problemas y acontecimientos sociales, los grupos humanos pueden traspasar ciertos límites que de otra forma se considerarían censurables o expresamente prohibidos.

Generalmente, lo humorístico muestra la rebeldía y la independencia de quien lo utiliza y su alejamiento de la ideología dominante, criticando regímenes políticos, moralinas nocivas, fervores patrióticos y también desmitificando las mentiras del poder, según afirma Checa.

Todas las actitudes y los pensamientos cuya expresión pública los individuos deben reprimir atendiendo a constricciones sociales pueden canalizarse mediante el registro cómico y, una vez publicados, disminuir las tensiones originadas por esos límites culturales. Por lo tanto, no resulta extraño que sean aquellas dimensiones de lo social más sometidas a represión las que con mayor frecuencia se traten de forma jocosa: el sexo, la muerte, las jerarquías sociales establecidas, la Iglesia, las relaciones de género, los defectos físicos, la locura y por supuesto las relaciones étnicas, el racismo, las referencias a otros grupos culturales.

Así, la comicidad permite que se sobrepasen ciertos límites culturales establecidos de forma tácita, que diferencian lo correcto de lo incorrecto, lo permitido de lo prohibido. Además, reviste de cierta inmunidad todas sus expresiones y se permite licencias que en otros ámbitos están proscritas.

Humor se escribe con X

Por alguna razón difícil de explicar, (los teóricos barajan un abanico de posibilidades que van desde las cuestiones geográficas hasta las genéticas) en Córdoba, desde siempre, la comicidad parece haber impregnado el aire serrano, los monumentos históricos, los mitos urbanos y a sus nativos.

Así, el humor es indudablemente un rasgo de identidad que caracteriza al “ser cordobés”: el apodo espontáneo y el chascarrillo inmediato definen la “chispa” típica de la gente de Córdoba; una capacidad especial para la ocurrencia a partir de una serie de estrategias lingüísticas que en general tienen que ver con los juegos de palabras.

La comicidad ha estado en ‘la docta’ vinculada siempre a las formas de la cultura nativa, arraigada en el espíritu del hombre de la calle. El humor cordobés puede ser rastreado desde hace más de cien años en el periódico La Carcajada. Datan de aquel entonces las tomaduras de pelo, la irrespetuosidad, la invención de nuevas palabras, la utilización de vocablos populares, etc. También dio pruebas de la chispa cordobesa el escritor Prudencio Bustos Argañaraz en Antología burlesca, libro que compila canciones y poemas populares humorísticos de la época colonial.

Como afirma Ana B. Flores en su libro Políticas del humor, esas características naturales de los cordobeses, tuvieron su concreción hacia 1970, en un producto cultural masivo de alcance inédito en la historia editorial argentina hasta ese momento: la revista Hortensia, considerada entre los hitos fundacionales del humor gráfico del país.

Como si ante las heridas que habían dejado abiertas el Cordobazo y el Viborazo -los momentos de ebullición política, social y cultural- fuera necesario un ejercicio catártico: Hortensia irrumpió en el centro de La cañada dejando en claro que el humor, en el mejor de los casos, es una de las formas más legítimas de superar los momentos difíciles.

En Hortensia y los cordobeses, Miguel Ángel Bravo Tedín, miembro del staff de la revista creada por Alberto Pío Cognigni en 1971, explica que esa publicación “…fue una consecuencia lógica del ser cordobés, la concreción natural de un estilo de humor nacido de  la contradicción de estilos de vida que conforman a la sociedad cordobesa: la vida ‘monacal y moralista’ junto a la vida ‘liberal, disoluta’”.

Hortensia consagró un tipo de humor que Ana B. Flores, directora del Grupo de Investigadores del Humor (GIH), caracteriza como “costumbrista, en la tradición del humor argentino desde Fray Mocho en adelante, con un registro satírico paródico” y que recurre a las formas del lenguaje popular, a los juegos de palabras, al apodo espontáneo y certero, al “no si vuá”, a la ocurrencia sarcástica y a la cargada.

Como se ha dicho anteriormente, ese tipo de humor reconoce una tradición popular previa, claro, pero recién con la revista de Cognigni llegó  a la industria cultural, con alcance masivo. En ese sentido, la publicación logró consolidar y sistematizar los usos del humor cordobés, marcando una tendencia que, a más de tres décadas del primer número, continúa vigente.

Sin embargo, Flores advierte que la revista – paradigma del humor tradicional cordobés-, “incluyó semillas de lo que más tarde fueron otros tipos de humor: el Boogie de Fontanarrosa, por ejemplo o el trabajo de Furnier o Angonoa…   la revista que recogió y reformuló el humor popular cordobés también tuvo otros registros: el absurdo, el sinsentido, la ironía”.

Estas semillas desperdigadas por Hortensia en el campo de humor cordobés, sumadas a nuevos estímulos, germinarían más adelante cuando la sociedad mutara para dar lugar a un grupo social preocupado por problemáticas diversas. Necesariamente, las formas de comicidad se modifican al compás de los cambios culturales.

El renacimiento de la risa

En un bar del centro de Córdoba, varias personas miran atónitas al televisor. Con los rostros desencajados, los ojos al borde del llanto, ven cómo miles de conciudadanos golpean cacerolas en Buenos Aires. Un chico de aspecto desalineado, entra en el lugar, se sienta y se quita el abrigo. Su remera naranja dice: “Caos social, caos político y encima tengo el pito chiquitito como un gusanito”. Tres segundos de silencio. Las personas que ocupan esas mesas leen el texto con sorpresa, se miran y estallan en carcajadas.

La frase pertenece a un número de La Piedra en el Zapato, un fanzine humorístico que revolvió el under cordobés en el año 2000. Sus páginas, habitadas por textos, chistes y diálogos que iban desde lo ácido hasta lo delirante y absurdo, eran un gesto militante: la catarsis agresiva de un joven inmerso en un país sin rumbo ni destino. Una posibilidad de permanecer vivo ante el desconcierto, la sensación de injusticia, de caos que reinaba en el país por esos años.

‘La piedra’, como la llaman sus seguidores, significó la concreción de un nuevo estilo de humor que había comenzado a gestarse una década atrás, después de que la fórmula inventada por Hortensia dejara de surtir efecto en algunos públicos, sobre todo en el juvenil, que poco tenía que ver con esos estudiantes que llegando los ’70 se habían unido con los obreros para actuar políticamente.

¿Qué tuvo que suceder para que en 30 años cambiaran los mecanismos de la risa?  Hacia mediados de la década de 1980, tras la caída de la última dictadura militar, la sociedad argentina comenzó a transitar grandes cambios: la vuelta de la democracia, las nuevas políticas sociales y económicas impusieron nuevas temáticas en el discurso social.

Por ese entonces, bajo la dirección de Carlos Ortiz, la revista que había consagrado el humor popular cordobés, Hortensia, editó sus últimos números ya sin el éxito arrollador que había tenido a fines de los `70. En su staff sólo quedaban  unos pocos representantes de la llamada generación del `60 o “de barrio clínicas”, Cognigni y el pelado Alonso habían fallecido, Crist y Fontanarrosa estaban publicando en  Buenos Aires.

Un conjunto de jóvenes que se había formado leyendo la época de gloria de Hortensia –José Angonoa, Jericles, Claudio Fournier– intentó mantener durante un tiempo a la revista aunque Humor registrado y Satiricón, ambas publicaciones de la Capital Federal, ya habían tomado la posta.

En ese contexto, no fueron pocos, en la segunda mitad de los ‘80, los intentos por emular el proyecto editorial de Alberto Cognigni: La Carcajada (del grupo de Jericles) y Jajaspirina (Ortiz) fueron quizá los más resonantes. Sin embargo, ninguno logró un fenómeno parecido al alcanzado por Hortensia en los ’70, y apenas pudieron sobrevivir algunos números.

Más que nunca, se hacía evidente que el país ya no era el mismo y la fórmula de Cognigni parecía haber perdido eficacia. El humor pedía a gritos algún tipo de renovación y, como después de todo tiempo de amesetamiento, una propuesta novedosa irrumpiría en Córdoba.

Humor-ismo

Hacia comienzos de la década del ’90, un programa de radio marcó los que podrían considerarse los primeros pasos de un nuevo humor en Córdoba, o por lo menos de un humor que reconocía influencias y tradiciones fronteras afuera de la provincia y del país; influencias transmediáticas. Los burdos, que se emitía primero por FM Fragueiro y luego por LV2, se convirtió en un fenómeno de culto: Tincho Siboldi y Dirty Ortiz inauguraron un equipo de comicidad delirante que supo traducir al lenguaje radiofónico chistes inspirados en la tradición del absurdo anglosajón, del nonsense de los Monty Phyton ingleses o de las primeras comedias de Woody Allen.

El suceso de Los Burdos marcó un quiebre generacional: los precursores de lo que hoy llamamos Nuevo Humor cordobés lo reconocen como referencia. Por primera vez, el humor producido en Córdoba abandonaba la auto-referencia e instalaba en medios –alternativos primero, masivos más tarde- personajes y situaciones no necesariamente ligadas a la tradición urbana y serrana popular de la región.

Paralelamente, en Buenos Aires, los grupos independientes reunidos en torno del Parakultural estaban ganando presencia en los medios, en cuya grilla de primetime comenzaron a aparecer programas con una marcada tendencia humorística: desde Videomatch en Telefé hasta Cha Cha Chá en América, la apuesta por las estrategias de parodización de la realidad se proyectó hacia todo el país.

Transmedia, globalización y nuevos referentes

La radio y la televisión, en ese sentido, cumplieron un papel importante en la renovación generacional que vivió el humor cordobés a mediados de los `90: la masificación de los sitemas de televisión por cable permitió  que se popularizaran las sitcom- norteamericanas como Friends, Seinfeld y, sobre todo programas como Los simpsons. El registro paródico y absurdo, típico de esos productos audiovisuales invadió las nuevas producciones gráficas humorísticas que se hacían en la ciudad.

Sin embargo, ya no volvió a registrarse un proyecto colectivo potente como Hortensia, sino varios intentos personales dispersos y restringidos a una circulación de tribu urbana.

Así, comenzó a consolidarse una nueva manera de hacer humor cuyos representantes más importantes hacia el 2000 fueron Los Modernos, que dieron la nota con su Breve Desconcierto Breve, y el versátil Daniel Aráoz, que de cierta manera explota el estereotipo del cordobés en algunas apariciones televisivas y sorprende con experimentos absurdos y jocosos en la música y en el teatro.

La lista se extiendió a pequeñas revistas independientes, y de tirada no siempre constante, como La piedra en el zapato, Peinate que viene gente, Los hijos de la pavota y La orden del bufón, producciones teatrales en circuitos under como las de Gonzalo Marull (Quinotos al rhum, Pelotero, Yo maté a Mozart, W invasión extraterrestre), Amoratadas (Todos necesitamos placer, Cada uno se las arregla como puede), el Teatro Minúsculo (la sitcom teatral Maldita Afrodita, Corazón de vinilo), La Negra (A la mojiganga), Ariel Dávila (El ósculo del crepúsculo), y producciones cinematográficas, cortos en su gran mayoría, que de vez en cuando encuentran un espacio en la grilla del Cineclub Municipal Hugo del Carril.

Una de las diferencias más significativas entre el humor tradicional y el alternativo, tiene que ver con los referentes: el primero se alimenta de su propia historia, apelando a fórmulas del tipo “como decía el troesma Tissera”, “a esta historia la cuentan en el boliche”, o “allá en el pueblo me contaron”.

El segundo, reconoce otro tipo de influencias que delimitan nuevas formas de comicidad, temáticas más actuales y un autor individualizado, definido por el consumo de productos audiovisuales y gráficos extranjeros, y con una mirada ácida y, en ciertos casos, descreída acerca del acontecer social.


Epidemia de carcajadas

Hacia fines del 2000, nació La Piedra en el zapato, un fanzine autodenominado panfleto, cuyo autor, Emanuel Rodríguez –en ese entonces un joven estudiante de Letras–, distribuía mano a mano básicamente en dos circuitos: uno “rockero” que incluía la plaza de la Intendencia, el Paseo de las Artes y la zona del ex mercado de abasto, y otro “universitario”, que tenía que ver con la Ciudad universitaria y algunos bares y centros culturales. “En la ‘Piedra’ intenté hacer un humor absurdo, violento, catártico. Siempre quise estructurar un discurso en diálogo paródico con la literatura y en diálogo rebelde con los discursos sociales hegemónicos” explica Rodríguez (31).

La publicación expresaba las reflexiones de un estudiante con una mirada ácida sobre el acontecer político, social y cultural de Córdoba y del país. Vinculaba la esfera sublime de la literatura y la filosofía con el campo terrenal de las charlas entre varones en la “La góndola platónica”, una sección que presentaba diálogos entre clientes y repositores de un supermercado. La crítica cáustica a las industrias culturales se mostraba en diálogo tirante con la fanatización irónica por modelos y actores – “Por qué no soy un chisco cosmo” o “Cómo, cuándo, dónde y por qué hay que matar a Guillermo Andino” –siempre de manera lúdica, al igual que en “Cuando a los de Billiken se les fue la mano con el LSD”, columa “Ser púber” – “No caben dudas de que la paja está de moda. No se explica de otra manera la magnífica proliferación de parejos en los medios de comunicación y en los organismos de gobierno (edición junio 2001)”–, “Ser jipi hoy” y el “suplemento ternura” – en el cual se ‘mostraban’ capítulos suprimidos de Los ositos cariñosos–, por ejemplo.

En cuanto a los referentes que inspiraron su producción, Rodríguez dice: “En mi caso la influencia de Woody Allen roza el plagio: el devenir absurdo, la sorpresa del sin sentido, llevan su marca. Igualmente la posibilidad de reírme de mí mismo. También, David Letterman puede embargarme la casa si aprende a leer en español y se topa con La Piedra”. Además, reconoce las influencias de Roberto Fontanarrosa – “De él ‘aprendí’, que es una manera elegante de decir ‘robé’, la construcción del chiste rápido”-, y de los escritores Tom Sharpe y John Kennedy Tool.

La Piedra en el zapato ya se había consagrado en el circuito alternativo cuando nació, en Colonia Caroya, Los hijos de la pavota, un experimiento gráfico hilarante llevado a cabo por Alejandro Cargnelutti y Trinidad Reynoso, con un humor que pretendía ser “vital, desencajado, sutil e irónico”, según sostienen sus creadores.

Sin agresiones ni malas palabras, y con cierta ternura irresistible, los chistes de la revista presentaban un cambio radical con respecto al humor tradicional: la creación de personajes que al estar inmersos en situaciones humanas, cotidianas, resultaban ridículos y absurdos. “Un alienígena que se alimenta de tutucas y limpia nuestro baño, un oso de peluche ‘el oso Gutierrez’ como un dandy seductor de mujeres, una estatua viviente que desea enamorarse”, ejemplifica Reynoso.

En Los hijos de la pavota, la ficción aparecía como un elemento indispensable para crear un humor que zigzagueaba entre la fantasía y lo real, dando por resultado un plano intermedio de cierta extrañeza. Más allá de estas particularidades, al igual que ‘La piedra’, también reconocía influencias foráneas: “El absurdo del dibujo animado La pantera rosa, la serie televisiva Seinfeld, el rídiculo de Todo por $2, ciertos cuentos fantásticos risibles de Julio Cortázar y lo mágico de Les Luthiers, confiesa Reynoso, a la vez que explica que los medios de comunicación juegan un papel importántísimo en el Nuevo humor cordobés en tanto “disparadores de ideas, imágenes, que trabajan en nosotros a nivel del inconsciente”.

Así, como una epidemia de risas, las iniciativas de estos jóvenes que aceptaban el desafío de crear nuevas formas de comicidad, ligadas a una cordobesidad autóctona pero sumida en un contexto globalizado, continuaron contagiando a otros. En 2001, aparecía en Córdoba La orden del bufón, una revista que aún se publica, producida por tres “rapsodas”: Marcos Luc, Pablo Rojas y Nardo Escanilla, quienes en su sitio web, describen como: “Fruto puro del delirio (delirium tremens) de tres muchachitos montaraces, tres almas ansiosas por descargar todo la energía (leche le dicen algunos) que derrochaban en momentos de inspiración (o borrachera). No es una revista gratuita mucho más interesante que las otras, pero si es la mejor, lejos”.

Luego, hacia 2003, aparecería Peinate que viene gente, el proyecto unipersonal de un licenciado en comunicación, José Playo (34). “Creo que es una búsqueda del registro que me permita conectar con los lectores de hoy, para quienes hay muy poca gente escribiendo”, fundamenta el autor. “Este concepto de ‘diario íntimo publicado’ que maneja Peinate –agrega– tiene que ver con ‘aggiornar’ el fenómeno de los reality shows en otros soportes y matizarlo con la apuesta a los temas que no tengan que ver tanto con la agenda periodística”.

Para Playo, que escribe acerca de situaciones tan bizarras como “Yo ayer chupé la baba del pico de una botella de coca de la que bebieron nueve culeados”, “Han pasado, creo, dos siglos y chirola desde la última vez que jugué al fútbol” o “Con mi nuevo viejo amigo hablábamos los otros días sobre escribir. Como toda conversación tendiente a fundir hielos con fernet, charlar de literatura derivó, invariablemente, en charlar sobre sexo. Del poco que tenemos, claro” (enero de 2007), ‘Peinate’ nació como una alternativa para “distraerse y embobarse” con fenómenos insignificantes. “Una revista para leer cuando se está al pedo”, sentencia Playo.

Según el comunicador, las influencias que tiñen su obra tienen que ver con el desconcierto, la sensación de tragedia, “la sinceridad al plantear un ‘no entiendo’, y que eso me permita reírme de mí mismo y de los que dicen que sí entienden pero no lo hacen”. Por último, “una influencia de la angustia, que es aplastante y nunca da tregua ni para una sonrisa”, concluye.

Como explican los distintos autores, el universo de referencia del humor cordobés producido en el under desde principios de los ’90 se amplió, con relación a la tradición de Hortensia, hacia los íconos de la globalización y las especificidades del registro humorístico hegemónico en Estados Unidos. También, la revista norteamericana Mad, sin duda marcó tendencia entre este grupo de jóvenes.

De las situaciones de café, ciudad o sierras, en tanto espacios de socialización, de diálogo, que fueron los puntos de partida de los chistes estereotipados en la década del ’70, se pasó a situaciones de alienación y soledad como estar frente al televisor durante horas, desempleado o sometido a un trabajo agobiante. Sin duda, cualidades de una juventud posmoderna, descreida y entumecida frente a los vaivenes económicos y sociales del país. “Yo soy mediocre porque el mundo me hizo así”, “No sé qué me pasa. No me quería acostar con la misma sensación de derrota que me ha acompañado todo el puto día y me he puesto a jugar a los videojuegos de fútbol. Me han ganado siempre, aun cuando jugué en modalidad Principiante”, escribía Rodríguez en La piedra, en junio de 2004.

Si en Hortensia predominaba el diálogo, la réplica, en ‘La Piedra’,  ‘Peinate’ y ‘La orden’ lo que en verdad predomina es el monólogo, el relato individualizado de anécdotas o experiencias íntimas. Si el humor tradicional expresaba nociones sociales, el alternativo escupe una crítica mordaz siempre personal, no expresa ni busca diálogo, su voz se expande como un grito en el vacío.

Ellas sólo quieren divertirse

El humor de Hortensia planteaba situaciones en las cuales la charla tenía que ver con el fútbol, la política y las mujeres, quienes aparecían en tres variantes básicas: ama de casa –“bruja”; prostituta u objeto de deseo –”chichí”, “chichisón” o “chichisononón”–, o anciana portadora del saber, que es en realidad una proyección temporal de los tipos anteriores.

Hoy la mujer demanda espacios equivalentes a los del hombre y el nuevo humor da cuenta de ello no sólo en las temáticas a las que apela sino también en las instancias de producción. Si antes el chiste era uns enunciación típicamente masculina, en la actualidad hay cada vez más mujeres que se animan a enunciar las problemáticas actuales en registro cómico.

Ahora, si bien el ingreso de la mujer como protagonista y productora de humor en Córdoba (Amoratadas y La Negra en teatro, Trinidad Reynoso) es un hecho que merece una reflexión aparte, su impronta parece desinteresada, banal, no combativa. No hay en la ciudad un registro feminista muy marcado, al estilo de Maitena en Buenos Aires, por ejemplo.

En la ciudad de los bits

Sin embargo, los avances tecnológicos en la era de Internet brindaron nuevos aditivos al humor alternativo de Córdoba al posibilitar un cambio de soporte que la mayoría de las publicaciones han experimentado en los últimos dos años. Con el advenimiento de los sitios web y sobre todo de los blogs gratuitos, muchos humoristas han elegido dar el salto al formato digital. Las nuevas formas de publicación tienen implicancias en el modo de construcción del chiste en tanto posibilitan cierta interacción constante con el destinatario.

El blog de Playo, Peinate que viene gente, es actualizado casi todos los días y recibe, en promedio, más de 50 comentarios de lectores cada jornada. Allí, el autor escribe acerca de todo lo que hace y piensa, una especie de bitácora personal cómica que admite opiniones ajenas: “Ayer me llamó el administrador para decirme que la dueña me había mandado una carta. En la misma nos comunica que, si hay humedades en la casa, nos jodamos. O si se cae una pared, hagamos como que es cosa nuestra” (publicado el 17 de enero de 2007).

Para el autor, la idea de publicar en blogs cierra por todas partes: “Porque es más barato, más inmediato, permite romper la barrera geográfica, posibilita un feedback alucinante con quienes se divierten con lo que hacemos”. Además, “hay un camino allanado que permite un ensayo de ida y vuelta entre el blog y el papel. Cómo no vamos a aventurarnos”.Por su parte, Rodríguez, quien ‘posteaba’ a en Pinchilonfonseca.wordpress.com y ahora lo hace en Agua de oro, explica que el encarecimiento de los costos de impresión tras la devaluación hizo muy difícil el financiamiento de las publicaciones independinetes. Además, “las facilidades y libertades que permite el formato blog –agrega– dejan a la revista de papel como un anhelo romántico. Un anhelo al que nunca renunciaremos, por cierto”.

Ante esta realidad, Reynoso aventura una crítica. Para ella, se trata de una forma de “unipersonal”, que por lo general, se relaciona de manera más espontánea y permanente con su público ya que no existe la espera de la próxima edición, como sucede en la gráfica. “El estilo suele ser de corte intimista – expresa la autora– y parece que la vida de su productor fuera de interés público”, dado que se narran anécdotas personales que se alejan de la invensión pura. Y sentencia: “En este sentido, veo que es muy fuerte la necesidad de exponerse publicamente, habría que revisar si hay más pros que contras a la hora de producir humor a través de este medio”.

Si bien Los hijos de la pavota dejó de salir hace varios meses, Alejandro Cargnelutti sigue haciendo humor en MondoDiTesta, donde da continuidad a las aventuras del Pato Rogelio, El hombre sin cabeza y el Oso Gutierrez, personajes que copaban las páginas de la revista.

De alguna manera, el soporte digital y la posibilidad de diálogo entre humorista y público traerá ciertos cambios en la producción cómica, lo cual podrá ser tema de análisis en estudios futuros.

Córdoba, lado B

Un nuevo ser cordobés trae como consecuencia lógica la búsqueda de otro tipo de humor, un humor nacido no tanto de la contradicción como del pastiche posmoderno y que necesariamente pone en crisis las nociones tradicionales de esa cordobesidad ligada a una ciudad acaso ya distante. Cargnelutti, plantea un agotamiento de las estructuras: “El humor tradicional es una marca registrada, ya todos sabemos cómo es, y ése es precisamente el problema: sin mucho esfuerzo uno puede adivinar cómo acabará el chiste y así es cada vez menos efectivo”.

Que los autores emergentes se estén planteando la fecha de vencimiento del chiste cordobés clásico no va a impedir en absoluto el uso del “¡no si vuá!” que protagoniza la jerga de la ciudad, los desopilantes apodos como gordo “pote e’ talco, porque no tiene cuello”, “ni que la hinchada de Belgrano se luzca con una bandera como la que rezaba: ‘Tallere’, si estai vivo golpeá tres veces’”, explica Rodríguez. La cuestión de lo alternativo no viene a clausurar ese escenario sino a sumarle más posibilidades de hacer sonreír.

En la actualidad, en Córdoba, coexisten el humor tradicional y el alternativo y eso, para Rodríguez, tiene que ver con una cuestión generacional. “Las estructuras clásicas siguen vigentes pero dicen poco a las nuevas generaciones, que tienen una formación audiovisual mucho más intensa” y están menos formadas en lo que a lecturas se refiere. “Cognigni podía dibujar un chiste existencialista en la Córdoba de los ’60 porque la mitad de la juventud cordobesa de esa época había leído a Sartre. En ese punto, lo novedoso no carece de limitaciones”. Por su parte, Playo encuentra una explicación en el hecho de que existen dos públicos “uno, más pacato tal vez, más tradicional, que no se banca una puteada en un texto, que encuentra chabacana la idea de incorporar lo escatológico al humor. Otro, que está harto de escuchar que se diga popó en vez de sorete, o pichí en lugar de meada”.

Según el autor de ‘La piedra’, “el humor alternativo está pasando por un momento de transición hacia modelos menos pegados a los regionalismos”. Se ha abierto a nuevas influencias que escapan de las referencias populares, urbanas y serranas, de donde abrevó la generación que marcó el norte en el humor cordobés a partir de la década del `60. “La Córdoba de bar/café, estudiantes y obreros que vio nacer a Hortensia obviamente ha cambiado su configuración y ha adoptado características más cosmopolitas”. Sin embargo, el autor sostiene que no hay una actitud de ruptura con la tradición: “Hay, en cambio, un redireccionamiento. Los procedimientos clásicos (el retruécano, la réplica, el apodo, etc.) siguen vigentes: se ha ampliado el mundo de referencia de esos procedimientos”.

En sintonía con el pensamiento de Rodríguez, Playo piensa que el humor “está constantemente actualizándose, pero que no puede prescindir de las fórmulas probadas”. Y concluye: “Por la edad que tengo me atrevo a decir que el estigma de Hortensia aún tiñe muchas de las producciones locales, al menos como un halo fantasma”. Hay, según el autor de ‘Peinate’, muchos “aspirantes a Cognigni” y muy pocas personas que apuestan por algo innovador.

La disputa de espacios con el humor tradicional nunca es del todo seria. Se trata, como afirma Flores, de un “proceso global, que no tiene características homogéneas, porque también hay diferencias entre este humor que produce inquietud y el de las sitcoms, que es más facilista y masivo”.

Sin duda, tanto La pierda en el zapato como Peinate que viene gente, La orden del bufón y Los hijos de la pavota, sugieren una visión propia acerca de Córdoba. Como explica Reynoso: “Una mixtura que va desde la expresión de una visión del mundo como catarsis, la exposición abierta de opinión que incluye el escenario político, hasta la narración de situaciones cotidianas”. Para ella, el humor cordobés es abierto y creativo, pero al mismo tiempo está “signado por la experiencia personal y por la sensación de que se ha creado un mundo autónomo y único”.

  • Nota 1: Comencé esta investigación periodística hace unos años cuando iba a la universidad en Córdoba. Las entrevistas fueron realizadas en ese entonces. Como nunca la publiqué en ningún sitio, creo que vale la pena ponerla a disposición aquí.
  • Nota2: Este texto no existiría sin la ultra ayuda de Emanuel Rodríguez, quien colaboró muchísimo con fuentes e informaciones, y el resto de los entrevistados que participaron con la mejor onda. A todos ellos y a Julio Perotti, quien en ese momento fuere mi profe: Gracias!
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About Mara Balestrini

Mara Balestrini is a “cultural technologist” and a PhD candidate at the Intel Collaborative Research Institute for Sustainable Connected Cities [http://www.cities.io/]. She believes that ubiquitous technologies can empower citizens to create in a collaborative way and transform society. In order to test this idea she has developed and collaborated in many projects across Latin America and Europe such as Taller de celumetrajes, an itinerant film school using mobile devices; MobilePOEMES3gp, an installation for digital citizen-generated poetry; MobileCells NOW, a user-generated mobile app to celebrate indie culture in Barcelona; or CrowdMemo.org, a smart-education prototype to augment the physical space with the crowdsourced memories of the community, among others. Mara holds a BA in Audiovisual Communications, a postgraduate degree in Media Arts and a MSc in Cognitive Systems and Interactive Media (UPF, Barcelona, Spain). Mara is a strategic planner at Ideas for change where she consults on Smart cities, citizen driven innovation and open business models. She also manages the digital communication of the We are not ants social innovation network. Since 2010, she is an advisor at CCCB Lab, Center of Contemporary Culture of Barcelona, where she consults on how to enhance expositions and participation using new technologies. She has worked as a digital and video journalist, has been a university lecturer and an assistant researcher at the Group of Interactive Technologies (GTI), at Universitat Pompeu Fabra, where she investigated on Human Computer Interaction, Ubicomp and Computing Supported Collaborative Learning. To read about Mara’s research project, visit: http://www.cities.io/project/encouraging-prosocial-behaviour-through-technology/

One response to “El renacimiento de la risa. Sobre las referencias transmediáticas en el nuevo humor cordobés”

  1. Nardo says :

    bueno, que linda nota, que recuerdos me trajo, un abrazo

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